La Dra. Victoria Martínez Morón es ginecóloga y expresidenta de SEGERF (Sociedad Española de Ginecología Estética Regenerativa y Funcional):
La toxina botulínica (TB) es un producto biológico fabricado por diferentes laboratorios a partir de una neurotoxina elaborada por una bacteria denominada Clostridium botulinum que, básicamente, induce parálisis muscular de forma progresiva y también tiene efectos antiinflamatorios.
La TB más conocida y que tiene un uso médico más seguro es la de tipo A. Es gracias a esta parálisis muscular provocada que este producto se usa clínicamente para tratar ciertas disfunciones musculares que cursan con hipertonía muscular mantenida sintomática. Estas disfunciones van desde la vejiga hiperactiva, el bruxismo, la acalasia e incluso las fisuras anales entre las más frecuentes y, por supuesto, el vaginismo y algún tipo de vulvodinia.
La TB Tipo A solamente deberá ser administrada por médicos especialistas entrenados específicamente y con experiencia en el tratamiento y en el uso del equipo necesario.
Tiene varios mecanismos de acción que pueden ser muy útiles en medicina funcional y son:
- Bloqueo de la liberación presináptica de acetilcolina en la unión neuromuscular y en la unión glandular.
Procedimiento: quimiodenervación como consecuencia una parálisis flácida temporal.
- Bloqueo de receptores nociceptores y bloqueo de la neurosecreción de neurotransmisores y neuropéptidos.
Procedimiento: analgesia y antiinflamatorio.
Vaginismo
En 1997, la revista The Lancet publicó un artículo sugiriendo los grandes beneficios que puede tener el uso de toxina botulínica, debido a sus cualidades terapéuticas, en el vaginismo, y desde entonces su uso se ha extendido y ha beneficiado a muchas mujeres.
Este problema es un espasmo involuntario de los músculos que rodean la entrada de la vagina, es decir los músculos elevadores del ano (puborrectal, pubococcigeo e Ilecoccígeo), al intentar introducir un objeto o un pene en la vagina. Esto produce el cierre de la vagina imposibilitando el coito por dolor.
Se considera una disfunción sexual por dolor que tiene una prevalencia mayor de lo esperado, entre un 5 y un 17% y se clasifican en primario (la paciente no ha podido tener relaciones sexuales nunca, aunque la respuesta sexual puede estar íntegra fuera de la penetración y suele ser debido a una educación sexual restrictiva o experiencias sexuales adversas) o secundario (la paciente ha podido tener relaciones sexuales hasta algún evento que se lo ha producido, como el síndrome genitourinario de la menopausia, patología osteomuscular lumbar o pélvica, experiencia sexual adversa como abusos o violaciones, etc.).
Clasificación en grados según Lamont:
- Espasmo de la musculatura del suelo pélvico que al final permite la exploración ginecológica al relajarse.
- Espasmo generalizado y mantenido, pero se permite la exploración ginecológica.
- Espasmo de la musculatura del suelo pélvico y elevación de los glúteos con el fin de evitar la exploración ginecológica.
- Espasmo de la musculatura del suelo pélvico, elevación de los glúteos, aducción de los muslos y evitación de la exploración ginecológica.
Tratamiento
El procedimiento clásico del vaginismo, aunque es muy tedioso e implica mucha disciplina se basa en:
- Educación sexual.
- Dilatación vaginal: quirúrgica o con dilatadores.
- Fisioterapia pélvica: (biofeed back positivo, electroestimulación, etc.)
- Tratamiento médico: (antidepresivos, ansiolíticos, geles de lidocaína o de nitroglicerina.
- Psicoterapia: (sobre todo en vaginismo primario. Individual o en pareja). Hipnosis. Desensibilización.
El uso de la TB es relativamente fácil para un médico con experiencia, ya que solo se tienen que localizar, vía vaginal, los puntos de inyección. Se suelen utilizar dosis de TB entre 60 y 500 U, aunque las dosis más frecuentes son 100 (50 U en cada lado) o de 200 (100 U en cada lado). Dependiendo de la dilución que deseemos, utilizaremos entre 2 o 4 ml de suero salino para la constitución. Se puede administrar solo con anestesia local en crema o inyectar lidocaína y se puede añadir midazolam para hacer que el procedimiento sea más confortable. Se aplica con aguja de 27-30 G x 11 mm.
Las zonas de inyección más frecuentes son 3 puntos en cada bulbocavernoso y 3 puntos en cada puborrectal de forma contralateral, con las unidades según la dilución.
Los efectos colaterales son muy pocos: como molestias locales leves, hematoma superficial y, en algunos casos, un síndrome catarral ligero. Se aconseja reposo las primeras 24 o 48 horas y algún analgésico habitual. El efecto adverso más grave sería que, por difusión, la TB alcanzara el esfínter anal o uretral y pudiera tener la paciente incontinencia de orina, de heces o de gases, pero esto es bastante excepcional.
Conclusiones
El uso de TB en el vaginismo es una técnica sencilla para profesionales médicos con el entrenamiento adecuado, es bastante inocua y efectiva, aunque además del tratamiento las pacientes suelen precisar fisioterapia y psicoterapia en algunos casos. Se necesitan más estudios para saber exactamente las indicaciones y los resultados, pero está reconocido por todos los expertos que es una línea de trabajo muy esperanzadora.

















