Se estima que el Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP), conocido hasta ahora como síndrome de ovario poliquístico (SOP), afecta a una de cada ocho mujeres. Sin embargo, muchas no reciben el diagnóstico hasta que buscan un embarazo. Los especialistas advierten de que detectar el síndrome de forma temprana puede mejorar el abordaje de sus implicaciones reproductivas y metabólicas a lo largo de la vida.
Esos primeros síntomas son más frecuentes de lo que parece. Ciclos menstruales irregulares, acné persistente o exceso de vello acompañan a muchas mujeres durante años sin que las relacionen con una alteración hormonal que puede tener consecuencias reproductivas y metabólicas.
De hecho, es un cuadro que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce oficialmente como una afección hormonal frecuente, con ovulación anormal, riesgo de infertilidad y un componente metabólico relevante.
En los últimos meses la comunidad científica ha propuesto sustituir el término síndrome de ovario poliquístico por síndrome ovárico metabólico poliendocrino. La nueva denominación refleja mejor la complejidad de una enfermedad que no afecta únicamente al ovario, sino que también implica alteraciones endocrinas y metabólicas, como el hiperandrogenismo o la resistencia a la insulina, que pueden influir tanto en la función ovárica como en la salud reproductiva de la mujer.
Lo que más condiciona la fertilidad en el SOMP es que el desarrollo y la maduración de los óvulos no siguen un patrón regular: la ovulación puede aparecer de forma impredecible o desaparecer durante meses. A esto se suman, en muchos casos, niveles elevados de hormonas masculinas y alteraciones metabólicas como la resistencia a la insulina, que también pueden afectar al funcionamiento de los ovarios.
En este contexto, la Dra. Elena Troncoso, ginecóloga en Ginemed Sevilla y especialista en SOMP, subraya la importancia de reconocer señales tempranas y no esperar a “buscar embarazo” para actuar. “La principal señal de alerta es la irregularidad menstrual persistente: ciclos muy largos, pocas menstruaciones al año o periodos prolongados de amenorrea. También son frecuentes manifestaciones de hiperandrogenismo como hirsutismo, acné persistente o alopecia de patrón androgénico”, afirma la doctora. “La clave es no normalizar durante años unas menstruaciones persistentemente irregulares o signos de hiperandrogenismo. Un diagnóstico precoz permite valorar la salud reproductiva y metabólica, prevenir las consecuencias de periodos prolongados de anovulación y realizar un seguimiento adecuado desde edades jóvenes”.














