En muchas ocasiones, el cuerpo recibe estímulos externos que generan una necesidad urgente de orinar y, sin un suelo pélvico funcional, pueden derivar en fugas involuntarias. Uno de estos casos sucede al sumergir el cuerpo en agua fría, generando la diuresis por inmersión, un mecanismo fisiológico que aumenta la producción de orina al contraerse los vasos sanguíneos y subir la presión arterial, explica María Pérez, fisioterapeuta.
Algo similar ocurre cuando se escucha el sonido del agua fluyendo. El cerebro puede producir un efecto denominado reflejo condicionado, comparable al salivar ante ciertas imágenes de alimentos, y acabar asociando el sonido del agua corriendo con la necesidad de orinar. Este condicionamiento también puede venir acompañado de pequeñas fugas, sobre todo en situaciones donde la musculatura pélvica se puede encontrar debilitada, como puede ser el postparto, la menopausia o tras ciertas intervenciones médicas.
Costumbres “inofensivas” que afectan al control urinario
El control urinario también puede verse afectado por pequeños hábitos integrados en la rutina, perjudicando el funcionamiento de nuestro suelo pélvico. Una de estas costumbres es orinar en la ducha: además de reforzar el reflejo condicionado entre el sonido del agua y las ganas de orinar, la postura en la que se hace pis de pie no permite la relajación completa del suelo pélvico ni la correcta activación del músculo detrusor (el músculo de la vejiga que se encarga de almacenar y expulsar la orina), lo que puede interferir a largo plazo con la forma natural en la que se vacía la vejiga.
Otro comportamiento común es aguantar las ganas de ir al baño durante mucho tiempo. Aunque a veces sea inevitable, si se convierte en una costumbre la vejiga acaba acostumbrándose a llenarse más de lo que sería ideal, y eso podría alterar su forma de funcionar. Con el tiempo, esta dinámica también puede influir en el suelo pélvico, que trabaja a diario para mantener la continencia y responder a las señales de la vejiga.
La postura también influye, como no sentarse completamente en el inodoro por higiene o no relajar el suelo pélvico, impidiendo que la vejiga se vacíe por completo. Este vaciado parcial puede provocar acumulación de orina residual, aumentar el riesgo de infecciones urinarias y contribuir a la pérdida de tono muscular del suelo pélvico.
Ante esto, la fisioterapeuta, colaboradora de Intimina y creadora de La Pelvis Revolution, afirma, entrenar el suelo pélvico ayuda a mantener un buen control de la orina, gestionar las ganas de hacer pis y evitar tanto escapes como otras molestias asociadas. Para lograrlo, entre otras opciones, existen ejercicios específicos como los Kegel, que bien hechos y con constancia, pueden dar muy buenos resultados.

















