La Dra. Mercedes Herrero, ginecóloga y sexóloga, explica por qué el verano es la época más crítica para el ecosistema vaginal y comparten las pautas imprescindibles para adoptar desde hoy mismo para mantener a raya las infecciones y disfrutar de unas vacaciones completamente saludables.
La vagina tiene su propio ecosistema, conocido como microbioma vaginal, compuesto principalmente por bacterias Lactobacillus. Estas bacterias beneficiosas mantienen el pH vaginal en un rango ácido saludable (entre 3,8 y 4,5), lo que ayuda a mantener bajo control bacterias y levaduras potencialmente perjudiciales. Es un sistema muy equilibrado, y el verano tiene una capacidad sorprendente para alterarlo.
Sin embargo, existen factores estivales que nos pueden afectar como:
- Pasar horas con el bañador mojado, creando un ambiente cálido y húmedo ideal para bacterias y levaduras.
- Bañarse en piscinas con cloro o en el mar, factores que pueden alterar el equilibrio bacteriano natural.
- Aumento en el consumo de alcohol y cócteles azucarados, las levaduras del género Cándida, responsables de la candidiasis, se alimentan del azúcar.
- Tomar antibióticos para tratar una gastroenteritis durante las vacaciones, eliminando tanto bacterias perjudiciales como beneficiosas.
- Dormir peor, sufrir cambios en las rutinas, estrés o deshidratación son situaciones que reducen las defensas inmunitarias.
- Utilizar geles de ducha perfumados de hotel o toallitas íntimas con fragancias que pueden alterar el pH vaginal.
Como explica la Dra. Herrero, “por separado, cada uno de estos factores suele ser manejable. Sin embargo, cuando se acumulan durante dos o tres semanas, el microbioma vaginal puede verse seriamente afectado. Además, los síntomas no siempre aparecen de inmediato. En algunas mujeres pueden pasar días o incluso semanas hasta que los cambios en el microbioma vaginal se traducen en molestias perceptibles, por lo que los problemas suelen manifestarse poco después de regresar a casa”.
Vaginosis bacteriana y la candidiasis vaginal
Las dos afecciones más habituales son la vaginosis bacteriana y la candidiasis vaginal. Aunque ambas afectan a la vagina, son problemas diferentes.
Por un lado, “la vaginosis bacteriana aparece cuando se altera el equilibrio de bacterias en la vagina, y las protectoras Lactobacillus son superadas por otras menos beneficiosas”.
Sus síntomas suelen incluir: flujo fino de color grisáceo o blanquecino u olor a pescado.
“Aunque puede resultar incómoda y generar vergüenza, es importante saber que no está relacionada con una falta de higiene. Se trata de un desequilibrio del microbioma y es extremadamente frecuente. Aproximadamente 1 de cada 3 mujeres la experimentará en algún momento de su vida”, describe la ginecóloga.
Por otro, “la candidiasis vaginal, suele estar originada por un crecimiento excesivo de especies de Candida, especialmente Candida albicans, una levadura que vive de forma natural en pequeñas cantidades en la vagina.”
Cuando cambian las condiciones, puede multiplicarse y provocar: picor intenso, irritación y enrojecimiento genital y flujo blanco espeso.
“De hecho, hasta un 75% de las mujeres la sufrirá al menos una vez en su vida, siendo durante el verano y justo después de tomar antibióticos los momentos donde más lo padecen”, menciona la colaboradora de la empresa Intimina.
Ambas afecciones tienen tratamiento. El problema es que, si no se aborda la alteración subyacente del microbioma vaginal, tienden a reaparecer. No obstante, tal y como la Dra. Herrero destaca, “comprender la relación entre el verano y los síntomas de estas afecciones es fundamental, ya que la prevención suele ser mucho más sencilla que el tratamiento. Medidas tan simples como cambiarse el bañador mojado cuanto antes, utilizar ropa transpirable y prestar atención a los productos menstruales e íntimos utilizados durante las vacaciones pueden ayudar a reducir el riesgo de irritación e infección”.

















