En España, entre 8 y 10 millones de mujeres se encuentran en la etapa de la perimenopausia o la menopausia, y prácticamente el 80% ha experimentado síntomas. Sin embargo, alrededor del 40% no ha consultado con un especialista ni con su médico de atención primaria. Son datos destacados por el Dr. Daniel Paz, jefe del Servicio de Ginecología del Hospital Vithas Vitoria y experto en menopausia, quien alerta de las carencias que todavía existen en la atención a las mujeres durante esta etapa. Una de las alternativas disponibles es el tratamiento hormonal sustitutivo, que el doctor Paz define como “una terapia que consiste en reponer los estrógenos que los ovarios han dejado de producir”. «Es simplemente darle a la mujer la hormona que sus ovarios han dejado de producir, que se llama estrógeno», precisa. “Esta hormona puede administrarse por diferentes vías, como la oral o la transdérmica, y contribuir a mejorar síntomas y la salud ósea a largo plazo”, explica.
El ginecólogo distingue dos indicaciones principales. La primera corresponde a mujeres que presentan una menopausia antes de los 45 años. La segunda comprende a aquellas que llegan a la menopausia en torno a los 50 años, pero experimentan síntomas que reducen su calidad de vida.
No obstante, insiste en que “la selección de las pacientes resulta fundamental, ya que el tratamiento presenta determinados riesgos que deben evaluarse individualmente”. Entre ellos, menciona “la trombosis y un posible incremento leve del riesgo de cáncer de mama, dependiendo del tipo de hormona utilizada”. Por ello, subraya “la necesidad de valorar factores como la obesidad, la diabetes, la hipertensión, el tabaquismo y los antecedentes personales de cáncer de mama antes de prescribirlo”.
El origen de las reticencias al tratamiento hormonal
El especialista sitúa parte de las reticencias actuales hacia estos tratamientos en un estudio realizado en 2002 con más de 16.000 mujeres de entre 50 y 79 años, cuya edad media era de 63 años. Según detalla, aquel trabajo utilizó tratamientos hormonales diferentes a los actuales e incluyó a mujeres de edades avanzadas, con mayores riesgos asociados.
Paz recuerda que actualmente se emplean estrógenos como el 17 beta-estradiol, equivalente al producido por los ovarios, y considera que “las conclusiones de aquel estudio no pueden extrapolarse directamente a mujeres más jóvenes sin factores de riesgo”. «No es lo mismo ponerle un estrógeno natural a una mujer de 50 años sin factores de riesgo, tanto para trombosis como para cáncer de mama, que ponérselo a una mujer de 79 años a alta dosis y un estrógeno que no es natural», argumenta.

















