“Durante años se ha hablado poco de los síntomas de la menopausia o se ha presentado como algo negativo”, explica la ginecóloga, la Dra. Carmen Sanabria. “La menopausia no es una enfermedad, pero sí implica un cambio profundo del cuerpo femenino. Cuando las mujeres entienden qué ocurre en su organismo, desaparece gran parte de la angustia en esta etapa y ganan una mayor sensación de control”.
Una transición que afecta a mucho más que al ciclo menstrual
Aunque socialmente se suele asociar la menopausia únicamente al final de la menstruación, se trata en realidad de una transición hormonal progresiva que puede darse durante varios años. Durante este proceso, se reduce gradualmente la producción de estrógenos, que son hormonas que intervienen en múltiples funciones del organismo. Su descenso puede influir incluso en la regulación del sueño, el equilibrio emocional o la salud ósea.
“Los estrógenos no actúan solo en el aparato reproductor. También intervienen en la piel, en las mucosas, en el sistema nervioso o en el metabolismo. Por eso los síntomas de la menopausia pueden ser tan diversos”, explica la Dra. Sanabria. “Muchas mujeres interpretan estos cambios como señales de estrés o de envejecimiento, cuando en realidad responden a una reorganización hormonal del organismo.”
La sequedad de piel y mucosas, uno de los síntomas más frecuentes y normalizados
Entre los cambios más habituales durante la menopausia destaca la aparición de sequedad en la piel y en distintas mucosas, un síntoma que a menudo pasa desapercibido o se normaliza sin relacionarlo con el cambio hormonal.
Los estrógenos participan en el mantenimiento de la hidratación, la elasticidad y la regeneración de los tejidos. Cuando sus niveles disminuyen, la piel puede volverse más seca y sensible, y las mucosas pueden perder parte de su capacidad protectora.
Esta sequedad puede manifestarse en distintas zonas del cuerpo, como la piel, los ojos, la boca o la mucosa vaginal. En este último caso, la pérdida de hidratación y elasticidad puede provocar molestias como escozor, microfisuras o dolor durante las relaciones sexuales, afectando directamente a la calidad de vida.
“Es frecuente que la sequedad aparezca al mismo tiempo en diferentes mucosas del organismo, ya que todas ellas dependen en gran medida de la acción de los estrógenos”, explica la especialista.
Además de los cambios relacionados con la piel y las mucosas, durante esta etapa también pueden aparecer alteraciones en el descanso, la energía o la concentración. Algunas mujeres incluso experimentan mayor fatiga física o una sensación de menor fuerza muscular, debido al papel que desempeñan las hormonas en distintos tejidos del organismo.
“Cada vez más, los profesionales de la salud y los laboratorios entienden que acompañar esta etapa requiere una visión integral que combine información, hábitos saludables y apoyo nutricional cuando es necesario”, concluye la Dra. Sanabria, colaboradora del laboratorio Vitae Health Innovation.

















