La Dra. Sonia Almela es biofarmacéutica, doctorada por la Universidad René Descartes de Francia y posee el Premio Pasteur en Medicina, Farmacia e Investigación Biomédica. Hablamos con ella sobre temas tan en boga como los disruptores endocrinos y el cuidado de la piel en las distintas etapas de la vida de la mujer, porque como ella misma explica “la Salud Dermohormonal”, término patentado, “representa una nueva forma de entender el cuidado de la piel de la mujer, integrándolo dentro de un enfoque más amplio de salud y biología hormonal. Es un cambio de paradigma: pasamos de considerarla desde una perspectiva superficial, como hasta ahora, a abordarla como un órgano vivo, activo y profundamente influido por el sistema hormonal, y este enfoque parte de una base científica consolidada: la piel es un órgano endocrino, metabólico e inmunológico, capaz de responder a las variaciones hormonales que se producen a lo largo de la vida de la mujer”.
Mucho más que una barrera física
Preguntamos por qué la piel, el órgano más extenso del cuerpo y una de las principales vías de exposición diaria a múltiples sustancias químicas, actúa como un órgano hormonal y nos dice que: “desde el punto de vista científico, la piel es mucho más que una barrera física. Es un órgano endocrino, metabólico e inmunológico activo, con capacidad para interactuar de forma constante con el sistema hormonal.
La piel tiene receptores hormonales —como los de estrógenos, andrógenos, progesterona o cortisol—, participa en el metabolismo de determinadas hormonas y responde de manera directa a las fluctuaciones endocrinas que se producen a lo largo de la vida de la mujer. Por eso, los cambios hormonales internos se traducen con tanta claridad en modificaciones visibles en la piel: acné, inflamación, manchas, flacidez, etc.
Por todo ello, no solo refleja los cambios hormonales: participa activamente en ellos. Ignorar esta realidad en el cuidado cutáneo no es solo una simplificación sin rigor, sino una falta de actualización científica. Y aquí no podemos mirar hacia otro lado: cuando trabajamos en contacto directo con la salud de las mujeres, la prudencia, el criterio y la honestidad profesional no son opcionales”.
Las hormonas como mensajeros biológicos esenciales
Para la Dra. Almela, “las hormonas son mensajeros biológicos esenciales que regulan procesos clave en la piel, como la regeneración celular, la síntesis de colágeno y elastina, la hidratación, la pigmentación, la respuesta inflamatoria y la función inmunitaria cutánea. Su equilibrio condiciona de forma directa la estructura, la funcionalidad y la salud de la piel. A lo largo de la vida de una mujer, las variaciones hormonales son constantes, y cada etapa implica necesidades cutáneas específicas que no pueden abordarse desde una cosmética genérica”.
Según las distintas etapas de la vida de la mujer, la experta, fundadora de Me and Me, indica:
- Durante ciclos hormonales activos o procesos de fertilidad, la piel responde de forma dinámica a las fluctuaciones mensuales, con cambios visibles en la producción de sebo, la inflamación, la sensibilidad o la capacidad de regeneración.
- Durante el embarazo, se producen modificaciones hormonales profundas que afectan a la vascularización, la pigmentación, la elasticidad y la estructura dérmica, aumentando la susceptibilidad a hiperpigmentaciones, estrías o reactividad cutánea.
- En el posparto y la lactancia, la caída brusca de determinadas hormonas conlleva sequedad, pérdida de firmeza y mayor fragilidad cutánea.
- En la menopausia, la disminución progresiva de estrógenos impacta directamente en la densidad dérmica, la producción de colágeno y la función barrera, haciendo imprescindible un enfoque específico y respetuoso.
- Y durante procesos oncológicos, los tratamientos hormonales o quimioterápicos alteran profundamente la capacidad de defensa y reparación de la piel.
Disruptores endocrinos: toxicidad aguda e impacto crónico
La Dra. Almela alerta sobre el papel de estas sustancias “capaces de interferir en el funcionamiento normal del sistema hormonal, ya sea imitando, bloqueando o alterando la acción de las hormonas. Una de sus particularidades es que pueden ejercer efectos biológicos a dosis muy bajas, especialmente cuando la exposición es repetida y mantenida en el tiempo, como ocurre con el uso diario de productos cosméticos.
Estos compuestos pueden actuar de distintas maneras: uniéndose a receptores hormonales, alterando la señalización endocrina, acumulándose en el organismo o generando efectos a largo plazo que no siempre se manifiestan de forma inmediata. La piel, como órgano extenso y altamente vascularizado, es una de las principales vías de exposición diaria a los disruptores endocrinos y ojo, sustancias estrogénicas.
Por eso, el verdadero problema no es la toxicidad aguda, sino el impacto crónico, acumulativo y silencioso. Especialmente en mujeres que ya están sometidas a modulaciones hormonales —como ocurre con la anticoncepción hormonal—, recomendar o utilizar cosmética con actividad estrogénica sin haber evaluado su comportamiento biológico supone asumir un riesgo que, hoy, ya no es necesario asumir”.

















