Cerca del 7% de esta población ha practicado chemsex en las últimas cuatro semanas en nuestro país, así lo afirma Alejandro Villena, psicólogo y sexólogo clínico.
Esta práctica, “peligrosa” puede llegar a tener un uso problemático. Este uso ocurre, cuando esto se hace de forma frecuente, y puede ocasionar síntomas relacionados con la salud psicológica como la ansiedad, la tristeza, la depresión, cambios en el estado de ánimo, hay personas que incluso llegan a tener intentos de suicidio, se pueden producir brotes psicóticos…, sin que todavía podamos encuadrar en la categoría de adicción este uso constante y problemático.
A día de hoy el chemsex no está clasificado como una adicción, más bien lo podríamos contemplar dentro de la CIE 11 como un trastorno por comportamiento sexual compulsivo, que es un poquito un cajón desastre porque ahí entra la adicción a la pornografía, al sexo, o también se podría contemplar como un trastorno por uso de sustancias.
La sintomatología que presenta una práctica generalizada del chemsex es, acorde con el sexólogo, similar a la adicción con una regulación emocional a través de la sustancia, a través del sexo, esa búsqueda de conexión para tapar otro sufrimiento que hay dentro, la necesidad de ir a más….
Para atender estas situaciones, el abordaje debe ser “integrador”, tanto, desde la medicina, por todo el tema también que hay de infecciosas y por supuesto psicológico y de abordaje también social y una red comunitaria porque los programas ahora hablan mucho de la reducción de riesgo, de la psicoeducación y es muy importante hablar también desde la prevención y la sensibilización.














