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Alimentación de verano y zona íntima

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Durante el verano el cuerpo necesita una mayor hidratación por lo que, además de beber más agua, se suelen tomar más zumos, bebidas carbonatadas o alcohólicas. Esto, sumado al desajuste de horarios, puede perjudicar tanto al microbioma intestinal como al microbioma vaginal.

La Dra. Belén Gómez, ginecóloga del Hospital Infanta Leonor explica que «la microbiota vaginal, compuesta sobre todo por lactobacilus, mantiene un delicado equilibrio que condiciona un ambiente en la vagina, principalmente ácido, para dificultar el crecimiento de gérmenes que habitualmente se encuentran en los genitales o en el intestino”.

Aquí es donde entra en juego la alimentación. “Hay gérmenes, como la Cándida Albicans, que se nutren directamente de azúcares simples y levaduras, obtenidos de hidratos de carbono de alto índice glucémico, lácteos o frutas muy dulces. Sin embargo, los hidratos de carbono de índice glucémico más lento, como legumbres o cereales integrales (trigo sarraceno, quinoa, mijo, arroz integral), son más saludables y no proporcionan tan rápidamente esos azúcares libres que alimentan los patógenos de las vulvovaginitis», añade la ginecóloga.

En definitiva, queda claro que una mala alimentación rica en azúcares libres, bollería industrial y productos procesados puede predisponer a un crecimiento desproporcionado de estos hongos habituales en nuestro cuerpo y comenzar a producir síntomas de candidiasis, indica la doctora colaboradora habitual de la empresa Chilly.

Por el contrario, una alimentación equilibrada, alta en vegetales, legumbres, cereales integrales, frutos rojos y frutas cítricas o alimentos ricos el probióticos, junto con una correcta higiene íntima, mejorará las condiciones del ecosistema vaginal y los síntomas de algunas infecciones vaginales, que son más propensas en verano.