Inicio Ginecoestética Microbiota vaginal y disbiosis

Microbiota vaginal y disbiosis

la microbiota

El Dr. Fernando Losa es ginecólogo, coordi­nador del Grupo de Terapias Naturales de la Asociación Española para el Estudio de la Me­nopausia y experto en fitoterapia integrativa: La microbiota vaginal sana es un ecosistema dinámico cuya salud depende de un equilibrio complejo, caracterizado principalmente por una baja diversidad y la predominancia abso­luta de bacterias del género Lactobacillus spp. Estas especies se organizan habitualmente en tipos de comunidades de estado (CST), siendo las más beneficiosas el CST I (L. crispatus), CST II (L. gasseri) y CST V (L. jensenii).

Su mecanismo de protección se basa en la ex­clusión competitiva y la modificación del mi­croambiente mediante:

  • Producción de ácido láctico: mantiene un pH vaginal ácido (<4.5), lo que inhibe el cre­cimiento de microorganismos patógenos como Gardnerella spp. y Candida spp.
  • Producción de sustancias antimicrobia­nas: generan peróxido de hidrógeno y péptidos antimicrobianos (bacteriocinas) que desplazan a poblaciones bacterianas competidoras.
  • Mantenimiento de la integridad mucosa: contribuyen a la humectación, elasticidad y función de barrera del epitelio vaginal.

El equilibrio vaginal puede verse comprometi­do por diversos factores:

  • Endógenos: cambios estrogénicos y alte­raciones hormonales: los cambios en los niveles hormonales debido a ciclos mens­truales, embarazo o menopausia pueden afectar profundamente el ecosistema va­ginal, condiciones médicas como enfer­medades crónicas: la diabetes u otras, que pueden predisponer a alteraciones en la microbiota vaginal; estados fisiológicos y variaciones genéticas.
  • Exógenos: uso de antibióticos de amplio espectro, tabaquismo, higiene inadecuada (duchas vaginales que desprenden el bio­film protector), el estilo de vida con dietas poco saludables, estrés y falta de sueño tam­bién impactan negativamente en el equili­brio vaginal; cambios de pareja y uso de an­ticonceptivos o espermicidas.

Existe una conexión anatómica y funcional en­tre la vagina y el tracto urinario. La vagina actúa como un lugar idóneo en la patogénesis de las ITUs; una disminución de lactobacilos vaginales favorece la colonización de la zona por Escheri­chia coli (procedente habitualmente del intesti­no), que posteriormente asciende por la uretra hacia la vejiga. En mujeres posmenopáusicas, el déficit de estrógenos agrava esta situación al reducir la población de lactobacilos.

Disbiosis

La disbiosis vaginal es una situación de alte­ración del ecosistema microbiano donde los lactobacilos son sustituidos por altas concen­traciones de bacterias anaerobias (vaginosis bacteriana) o por un sobrecrecimiento de hon­gos (candidiasis).

Sus consecuencias clínicas son significativas y pueden ocasionar:

  • Aumento del riesgo de contraer Enfermeda­des de Transmisión Sexual (ETS), VIH y Virus del Papiloma Humano (VPH).
  • Complicaciones en el embarazo, como parto prematuro, aborto espontáneo o corioam­nionitis.
  • Reducción en las tasas de éxito de la fecun­dación in vitro (FIV).
  • Sintomatología local: flujo maloliente (olor a “pescado” en vaginosis), prurito e inflamación.

Para revertir la disbiosis, el abordaje debe ser integral y enfocado en restablecer el ecosiste­ma. Podemos emplear diversas estrategias:

  • Tratamiento del biofilm: especialmente en vaginosis bacteriana recurrentes, donde los patógenos forman biopelículas resistentes.
  • Acidificación del medio: el uso de ácido láctico intravaginal es fundamental para res­taurar rápidamente el pH fisiológico, favo­reciendo la recolonización por lactobacilos autóctonos.
  • Modificaciones del estilo de vida: aumen­tar la ingesta de fibra y alimentos fermenta­dos, reducir azúcares refinados y evitar el ta­baco y las duchas vaginales (pueden alterar el biofilm).