Marta Marcè es nutricionista, especializada en salud femenina.
La pérdida de masa muscular es uno de los cambios que más desapercibidos pasan durante la menopausia, pese a las importantes repercusiones que tiene sobre la salud. A medida que disminuyen los niveles de estrógenos, también se produce una reducción progresiva de la fuerza, una mayor dificultad para mantener la masa magra y cambios en el metabolismo energético. Estas alteraciones no solo afectan al rendimiento físico, sino que pueden influir en la autonomía, el riesgo de caídas y, en definitiva, en la calidad de vida de las mujeres.
Precisamente porque la salud muscular está adquiriendo cada vez más protagonismo en el abordaje de esta etapa, la investigación ha comenzado a poner el foco en herramientas que puedan contribuir a preservarla. Una de ellas es la creatina, un compuesto presente de forma natural en el organismo que participa en la producción rápida de energía celular, especialmente en tejidos con una elevada demanda energética, como el músculo y el cerebro.
Estudios han descrito que las mujeres presentan reservas naturales de creatina hasta un 80% inferiores a las de los hombres. Esta diferencia fisiológica, sumada a los cambios propios de la menopausia, ha despertado un creciente interés por estudiar el papel que la suplementación con creatina podría desempeñar en esta etapa. De hecho, la evidencia más sólida se concentra actualmente en la salud muscular: combinada con entrenamiento de fuerza, la suplementación con creatina puede contribuir a preservar la masa muscular, mejorar la fuerza y favorecer la capacidad funcional en mujeres posmenopáusicas.
Otro aspecto que explica el protagonismo de la creatina es su perfil de seguridad. Se trata de uno de los suplementos nutricionales más estudiados científicamente y, además de sus beneficios sobre la salud muscular, la investigación continúa explorando su posible papel en otros ámbitos. Algunos trabajos apuntan a un posible apoyo sobre funciones cognitivas, como la memoria, la atención o la velocidad de procesamiento de la información, mientras que otros analizan su potencial contribución a la salud ósea durante la perimenopausia y la posmenopausia.
Cada vez disponemos de más evidencia que invita a entender la menopausia desde una perspectiva más amplia. El objetivo ya no es únicamente aliviar síntomas como los sofocos, sino preservar la funcionalidad, la fuerza y la calidad de vida. En ese cambio de enfoque, cuidar la salud muscular se perfila como una de las grandes prioridades para favorecer un envejecimiento saludable.















