El impacto del cáncer en la sexualidad se percibe como insuficiente y fragmentado. Muchas personas señalan que, aunque algunas son derivadas a psicología, la mayoría termina buscando apoyo por cuenta propia —en el sistema privado o en entidades especializadas—, y que incluso cuando existe acompañamiento, este suele centrarse en la ansiedad y el miedo asociados a la enfermedad, mientras que rara vez se abordan los cambios en la sexualidad, la autoimagen o las dificultades de intimidad. Además, solo una minoría refiere haber sido informada de la posibilidad de recibir apoyo psicológico en el hospital y, cuando se accede, a veces se limita a intervenciones breves de dos o tres sesiones, consideradas insuficientes para procesos de alta complejidad emocional.
Estas son algunas de las conclusiones recogidas en el informe «Sexualidad y bienestar durante el proceso oncológico. Un estudio cualitativo con pacientes y supervivientes», elaborado por el Observatorio del Cáncer de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), con el objetivo general de explorar las experiencias y percepciones de pacientes y supervivientes de cáncer sobre el impacto del proceso oncológico en su vida sexual y emocional, así como conocer los apoyos e información recibidos y las expectativas y necesidades de cara al futuro.
El informe parte de una premisa clara: la sexualidad constituye una dimensión esencial de la salud y el bienestar, reconocida como componente central de la calidad de vida. Sin embargo, en el contexto del cáncer, pese a que la enfermedad atraviesa de lleno la esfera psicológica, física, emocional y social, la sexualidad continúa siendo un aspecto frecuentemente invisibilizado en la atención clínica y en la vida cotidiana, lo que incrementa la vulnerabilidad de quienes atraviesan un proceso oncológico.

















