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¿Cistitis e infecciones de orina son lo mismo?

cistitis

El Dr. Alejandro Olloqui, ginecólogo, aclara que, en el día a día solemos hablar de cistitis como si fuera sinónimo de infección urinaria, pero no siempre es así. Cuando decimos cistitis en la mujer, nos referimos de forma específica a la inflamación de la vejiga, casi siempre provocada por bacterias. Y aunque es el tipo más frecuente, no es la única infección que puede aparecer en esta zona tan delicada.

Las infecciones de orina pueden presentarse en distintas partes del sistema urinario: en la uretra (lo que se conoce como uretritis), en la vejiga (la ya mencionada cistitis) o incluso en los riñones (pielonefritis). Por eso, aunque muchas veces usamos estos términos de manera intercambiable, no siempre significan lo mismo ni se tratan de igual forma.

Con la llegada de la menopausia, la disminución de estrógenos debilita las defensas naturales de la zona íntima, dejando la puerta abierta a bacterias como la famosa E. coli. Resultado: los episodios de infecciones urinarias se vuelven más habituales o más persistentes. Por eso, en esta etapa, aprender a identificar los síntomas y buscar tratamiento a tiempo se convierte en una herramienta imprescindible para cuidar nuestra salud íntima.

Señales a las que hay que prestar atención
Detectarlas a tiempo es clave. Muchas veces los síntomas son evidentes, pero en otras ocasiones se confunden con molestias menores, algo muy común durante la menopausia. Estos son algunos indicios a los que deberías prestar atención, según el especialista y colaborador de Days of Confidence:

  1. Una necesidad urgente y frecuente de orinar.
  2. Ardor o dolor al hacerlo.
  3. Sensación de no vaciar del todo la vejiga.
  4. Orina turbia, con olor fuerte o incluso con rastros de sangre.
  5. Presión o incomodidad en la parte baja del abdomen.
  6. Fiebre leve o malestar general en casos más avanzados.

Si se notan estos signos de forma repetida, aunque sean suaves, no se deben ignorar. Se tiene que acudir al ginecólogo o especialista, es el primer paso para confirmar el diagnóstico y evitar complicaciones a largo plazo. La salud íntima merece esa atención extra, sobre todo en las etapas de cambio como la perimenopausia y la menopausia.

Tratamiento

Hoy en día contamos con múltiples estrategias para tratar y prevenir las infecciones urinarias, adaptadas según se trate de un episodio puntual o de un problema recurrente. Aunque el tratamiento más clásico sigue siendo el uso de antibióticos, en muchos casos no es suficiente. Un trastorno frecuente de la menopausia es el síndrome genitourinario consistente en una alteración de toda la mucosa genital debido a la caída de los estrógenos, dando lugar a una alteración de la barrera natural, propiciando la proliferación de microorganismos, causantes de infecciones de orina. En los casos de infecciones recurrentes en la menopausia o perimenopausia, además del antibiótico como primera línea de tratamiento, debemos abordar el problema desde la raíz y mejorar la mucosa genital desde un punto de vista hormonal.

Con el tratamiento del síndrome genitourinario, además de mejorar las molestias ginecológicas, podemos prevenir las infecciones urinarias de repetición esta época de la vida de la mujer.

Opciones para Prevenir y tratar

  • Antibióticos personalizados. Lo ideal es ajustarlos a los resultados de un cultivo para asegurarnos de que combaten exactamente la bacteria causante.
  • Terapia hormonal tópica (estrógenos locales): en la menopausia, el uso de estrógenos u otros fármacos como la prasterona, ya sea en crema u óvulos, puede ayudar a reforzar la salud de la mucosa vaginal y uretral, siempre y cuando no exista ninguna contraindicación médica. El tratamiento hormonal debe ser una opción a valorar por tu ginecólogo especialista como parte del abordaje integral de esta patología.
  • Probióticos especializados. Algunos probióticos diseñados para equilibrar la flora urogenital han demostrado ser un excelente apoyo preventivo.
  • Higiene e hidratación inteligente. Hábitos sencillos como beber suficiente agua, no retener la orina por largos periodos y mantener una higiene íntima adecuada (no más de un lavado genital diario con jabones suaves) marcan una gran diferencia.
  • Cuidar la dieta. Reducir el consumo de irritantes como el café, el alcohol o las bebidas azucaradas, puede ayudar a mantener un entorno urinario menos propenso a la inflamación.