El Consejo General de Psicología de España explica en uno de sus documentos que, a lo largo de la historia, la menopausia ha sido tratada casi de forma exclusiva, a través en su dimensión endocrina y ginecológica y con la revisión de Thurston et al. (2025) se propone conceptualizar la menopausia como una transición simultáneamente biológica y psicológica, caracterizada por la interacción dinámica entre cambios hormonales, procesos emocionales, cognitivos y factores socioculturales.
La menopausia no es un evento súbito, sino un proceso progresivo que forma parte del envejecimiento reproductivo femenino. Desde el punto de vista clínico, se define retrospectivamente tras doce meses consecutivos de amenorrea sin otra causa médica que lo explique. Los datos actuales muestran que la sintomatología asociada a la menopausia es frecuente, aunque heterogénea.
Paralelamente, la evidencia indica, además, que los síntomas interactúan de manera bidireccional. Por ejemplo, los sofocos se asocian con una mayor probabilidad de estado de ánimo deprimido, y, a su vez, la presencia previa de sintomatología depresiva aumenta la percepción de intensidad y malestar asociado a los sofocos (Thurston et al., 2025). De forma similar, el insomnio actúa como un mediador parcial entre síntomas vasomotores y malestar emocional. La experiencia menopáusica, por tanto, no puede reducirse a una lista de síntomas y hacerlo con esa mirada supone simplificar el impacto de esta transición y su significado. Se trata de una etapa en donde aparece un entramado complejo en el que biología y psicología se retroalimentan en diferentes sentidos.
Vulnerabilidad psicológica y factores de riesgo.
Uno de los hallazgos más consistentes es que la menopausia constituye una ventana de vulnerabilidad de aparición de síntomas psicológicos en algunas mujeres. Por ejemplo, aquellas con historia previa de depresión presentan hasta trece veces más riesgo de desarrollar sintomatología depresiva clínicamente significativa durante esta transición (Thurston et al., 2025). Asimismo, la carga severa de síntomas vasomotores, el estrés vital, la precariedad económica y la sobrecarga de cuidados a terceros incrementan la probabilidad de malestar emocional.
Ver documento completo: https://www.infocop.es/mas-alla-del-ultimo-sangrado-comprender-la-menopausia-como-proceso-vital-complejo/

















