Inicio Ginecoestética La bata blanca médica, un símbolo de confianza, pero también de sexismo

La bata blanca médica, un símbolo de confianza, pero también de sexismo

La bata blanca

La bata blanca sigue siendo un símbolo de profesionalidad y confianza entre los médicos, pero también de sexismo, según una investigación publicada en la revista BMJ Open.

A muchas doctoras se las identifica de forma errónea como enfermeras o asistentes de médicos, lo que sugiere la presencia de sesgo de género en los pacientes y demuestra la necesidad de crear iniciativas destinadas a reducir la desigualdad.

Según explica la agencia SINC, el líder del estudio e investigador de la Universidad de Ciencias Médicas de Hwasung (Corea del Sur), James Youn, la razón de ello se debe a las “percepciones tradicionales sobre los roles de género en medicina”. Históricamente, los puestos de enfermería y asistencia eran ocupados por mujeres, mientras que los médicos eran en su mayoría hombres, según argumenta el experto.

“La bata blanca es más que un uniforme: es un símbolo visual de profesionalidad, limpieza y confianza”, explica Youn. “Durante más de un siglo, ha representado el conocimiento científico y la tradición de la medicina, lo que tranquiliza a los pacientes al saber que la persona que la lleva es un experto cualificado”, puntualiza.

Un análisis de casi 10 años

Para saber qué efecto tiene la opinión pública sobre la vestimenta sanitaria hoy en día, los investigadores revisaron más de 724 estudios relevantes entre 2015 y 2024.

La mayoría de las referencias eran estadounidenses, otras procedían de Japón, China y Pakistán, y el resto de Indonesia, Etiopía, Corea, Alemania, Malasia, Arabia Saudí, Singapur y Suiza.

Los investigadores se dieron cuenta de que, además de la predilección por el uso de la bata blanca, existían presiones sobre la vestimenta en función del género. Por ejemplo, los pacientes opinaban positivamente sobre el uso de relojes y gafas en sujetos masculinos porque les hacía verse como confiables. Mientras que el código para las mujeres debía ser mucho más estricto. 

“Las doctoras suelen estar sometidas a mayores expectativas en cuanto a su apariencia, incluso en el entorno laboral”, cuenta Youn. “Cuando visten ropa informal pueden ser percibidas, injustamente, como menos autoritarias en comparación con los médicos varones que visten de la misma manera. Esta doble moral refleja tanto las expectativas como los prejuicios de género implícitos”, argumenta.