El deseo sexual cumple una función que va mucho más allá del placer físico. Según el trabajo reciente de Birnbaum y Muise (2025), publicado en Nature Reviews Psychology (2025), el deseo sexual es una fuerza que da forma y, a la vez, refleja la calidad del vínculo amoroso entre dos personas. Desde el primer encuentro hasta la consolidación de una relación duradera, el deseo actúa como un termómetro emocional que puede indicar estabilidad y conexión o advertir sobre un aumento de la distancia entre dos personas.
Del flechazo a la rutina: el deseo en el tiempo.
Las primeras etapas de una relación suelen estar marcadas por una atracción intensa, recoge el artículo. Sin embargo, con el paso del tiempo, el deseo suele disminuir. Este descenso se ha relacionado con la pérdida de novedad, el aumento de la familiaridad y la rutina sexual -en el caso de las mujeres, se añaden, prosigue el artículo, factores sociales como las responsabilidades del hogar o la crianza-. En términos sencillos: cuanto más conocemos a nuestra pareja, menos nos sorprende, y eso puede afectar la intensidad del deseo.
Según Birnbaum y Muise, desde una perspectiva psicológica, esta disminución no significa que la relación esté condenada. Lo importante es cómo se gestiona este cambio. Las parejas que adoptan creencias de “crecimiento sexual” —es decir, que entienden que la satisfacción sexual se cultiva— tienden a afrontar mejor los retos que aquellas que creen en el “destino sexual”, donde se asume que la compatibilidad debe ser instantánea y natural.
¿Por qué deseamos o dejamos de desear?
Birnbaum y Muise proponen el deseo como una herramienta de evaluación del estado de la relación.
En las etapas iniciales, el deseo surge como una reacción visceral ante atributos visibles (atractivo físico, carisma), pero con el tiempo se vuelve más sensible a factores profundos como la estabilidad emocional y la receptividad del otro.
Este cambio gradual está en el corazón del “modelo de desarrollo relacional del deseo sexual” propuesto en el artículo. El deseo puede fomentar comportamientos que fortalecen la relación —como muestras de afecto o cuidado—, pero también puede debilitarse si la pareja ya no se percibe como emocionalmente satisfactoria.
Un alto deseo favorece comportamientos de cuidado, sacrificio e intimidad. Por el contrario, una disminución significativa podría reflejar insatisfacción emocional o percepción de baja “valor de pareja”, lo cual, en contextos vulnerables, puede abrir la puerta, por ejemplo, a la infidelidad.














